Y seguí buscando como compensar al mundo todo el mal causado. Entender a los ancianos, enamorarme de mujeres hermosas por dentro y por fuera, comprender a los chiquillos....Un día fui a ver a un chamán que se creía capaz de curar cualquier enfermedad: don Diego vive cerca del lago Atitlán, lejos de turistas y vecinos curiosos. Es respetado por sus conocimientos de plantas, de animales, aunque yo creo que el respeto se lo gana gracias al profundo conocimiento que tiene lde la gente. Subí más arriba de san Juan hasta llegar a su casa. Adobe y barro. Maíz y café. Madera bajo el comal, paredes negras a causa del humo. Pieles cuarteadas, miradas viejas, manos fuertes...Recuerdos.
Yo le comenté que apenas creía en nada, tal vez los hindús estaban convenciéndome de algo, tal vez necesitaba encontrar una explicación para todo. Me comentó que mi mal no podría sanarlo hasta que no creyese en ella, en Pachamama, en el Todo, en la fuerza que emana de la tierra y la gente. Vió mi cara de sarcasmo,(de la que me arrepentí al segundo), y en su rostro apareció una sonrisa traviesa. -Ven, me dijo. -Pasa un noche conmigo en el campo, tal vez las estrellas se apiaden de tí y los Aluxes te hagan creer. Nos encontrabamos en el campo yermo donde iba a hacerse una siembra. Era un terreno que abarcaba unos montículos de ruinas olvidadas por muchos. Caía la noche y con ella el canto de la soledad. Nos guarecimos en una cueva de piedra y sahcab; dos mantas de piel de cabra, madera seca y unós tazos para hacer café. La comida que llevamos nos la repartimos.
¿Qué hacía allá?, la verdad es que algo inverosímil desde el punto de vista europeo. Trataba de cerciorar lo que habían visto miles de ojos hechizados por la fantasía durante miles de años. Trataba de ver a esos seres fantásticos que según la leyenda habitan en los cuyos (montículos de ruinas) y sementeras: Los Aluxes. La noche avanzaba. . .De pronto don Diego tomó la palabra y me dijo:
-Puede que logre esta milpa que voy a sembrar.
-¿Por qué no ha de lograrla?, pregunté. -Porque estos terrenos son de los aluxes. Siempre se les ve por aquí. -¿Está seguro que esta noche vendrán? -Seguro, me respondió. -¡Cuántos deseos tenía de ver a esos seres maravillosos que tanta influencia ejercen sobre los mayas!
Y dígame, don Diego, ¿usted les ha visto? -Explíqueme, cómo son, qué hacen. El ancianito, asumiendo un aire de importancia, me dijo: -Por las noches, cuanto todos duermen, ellos dejan sus escondites y recorren los campos; son seres de estatura baja, muy niños, pequeños, pequeñitos, que suben, bajan, tiran piedras,hacen maldades, se roban el fuego y molestan con sus pisadas y juegos. Cuando el humano despierta y trata de salir, ellos se alejan, unas veces por pares, otras en tropel. Pero cuando el fuego es vivo y chispea, ellos forman una rueda y bailan en su alrededor; el más pequeño ruido les hace huir y esconderse, para salir luego y alborotar más. No son seres malos. Si se les trata bien, corresponden. -¿Qué beneficio hacen? -Alejan los malos vientos y persiguen las plagas. Si se les trata mal, tratan mal, y la milpa no da nada, pues por las noches roban la semilla que se esparce de día, o bailan sobre las matitas que comienzan a salir. Nosotros les queremos bien y les regalamos con comida y cigarrillos. Pero hagamos silencio para ver si usted logra verlos. El anciano salió, asiéndose a la soga, y yo tras él, entonces vi que avivaba el fuego y colocaba una jícara de miel, pozole, cigarrillos, etc., y volvió a la cueva. Yo me acurruqué en el fondo cómodamente. La noche era espléndida, sin luna, millones de estrellas confundiéndose en un negro infinito.
Transcurridas unas horas, cuando empezaba a llegarme el sueño, oí un ruido que me sobresaltó. Era el rumor de unos pasitos sobre la tierra de la cueva: Luego, ruido de pedradas, carreras, saltos, que en el silencio de la noche se hacían más claros....
La historia acaba aquí, pues como todas las buenas historias, no tiene principio ni fin. Sigo con mis males, pero la noche pasada junto al anciano don Diego sanó muchas dudas sobre el Todo. Don Diego sigue viviendo en su minúscula aldea, alejado de TV, envidias, egoísmos, banalidades....Don Diego nunca saldrá en televisión, ni será un gran escritor, pero cada vez estoy más convencido que son las personas como él las que sustentan el mundo....
3 comentarios:
creo que yo también necesito un don Diego
cómo anda esa "malavida" no tan mala?
BESOS
Mejor, echo en falta....sinsibilidad en el mundo que vivo. Cada vez que vuelvo a la ciudad; tanto asfalto, cotidianidad, demasiada gente y muy pocas personas...Viajando en solitario me encuentro y disfruto de la gente. Soy raro?
Un abrazo
la soledad es la sensación que más prolifera en las grandes urbes
sobre todo en estas ciudades monstruosas y sobredimensinadas de Latinoamérica
te espero en mi blog
lo desordeno para que me encuentres menos previsible y no te canses
argucias femeninas
besos!
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